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Halcón Peregrino, realiza vuelos de ¡más de 250 km/h!

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Halcón Peregrino

La característica más sobresaliente del halcón peregrino es, sin duda, su capacidad de superar fácilmente los 250 kilómetros por hora, proeza que lo convierte en una de las aves más veloces del planeta. Sin embargo, esta cualidad no tiene más finalidad que la supervivencia. El halcón requiere de esta velocidad para poder capturar sus presas.

Halcón Peregrino

Los halcones peregrinos son aves especializadas casi exclusivamente en la captura de otras granívoras e insectívoras. Gracias a su increíble vista, esta ave puede detectar a una presa ¡a más de cuatro kilómetros de distancia! Incluso durante el crepúsculo.

El halcón peregrino en pos de su presa

Halcón Peregrino

El halcón peregrino remonta las alturas; repentinamente observa que cien metros más abajo una paloma vuela descuidadamente. De pronto da un aletazo, dibuja una larga curva en el aire ¡y se lanza en picada, con las alas replegadas y a más de 250 km/h!

A unos cuantos centímetros de la presa, el halcón peregrino reduce bruscamente la velocidad y hunde sus afiladas garras en el cuerpo de la víctima. Algunos aletazos, algunas plumas y eso fue todo. La paloma tuvo un repentino final.

Halcón Peregrino

Pese a ser un consumado as de la caza aérea y no obstante que utiliza diversas tácticas de ataque, el halcón peregrino ¡sólo acierta una de cada cuatro ocasiones!

 Halcón peregrino ¿mandilón?

Otra cualidad insólita de esta increíble ave rapaz es que, en época de crianza, el macho es el encargado de salir a buscar el alimento ¡y de limpiar el nido! Mientras su amada se encarga de cuidar a los polluelos y de ahuyentar a los intrusos.

Halcón Peregrino

Gracias a sus características, el halcón peregrino es el ave más utilizada en la cetrería. En la Edad Media, los caballeros adiestraban a los halcones para cazar. Durante un año, el ave con los ojos tapados aprendía a obedecer los silbidos de su dueño. Una vez educado, el halcón ataca a su presa ¡pero no la devora!  Escucha un silbido y regresa al puño de su dueño, listo para la siguiente maniobra.

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